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Exhibe el MNH uno de los últimos cuatro escudos mexicas existentes

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Exhibe el MNH uno de los últimos cuatro escudos mexicas existentes

Uno de los cuatro escudos de los guerreros mexicas que se conservan en el mundo se llama  chimalli cuexyo  y será expuesto a partir de hoy y hasta el 2 de junio en el Museo Nacional de Historia, Ciudad de México, como parte de la exposición  Chimalli. Tesoro de Moctezuma en Chapultepec , en la cual se aprecian otras 400 piezas que cuentan los periplos que vivió este elemento usado como insignia de guerra en ­Tenochtitlan. De acuerdo con la curadora Laura Filloy se desconoce si el chimalli fue un regalo de Moctezuma a Hernán Cortés; sin embargo, fue uno de los objetos que el Conquistador español tuvo en su poder y que envió a España en 1524. Además, dijo, la exposición recuerda la llegada de los españoles al país hace 500 años y detalla la investigación que hicieron diversos especialistas para entender la manufactura de esta insignia.

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“En los primeros años del encuentro se enviaron a España y a Europa distintos objetos emblemáticos de las culturas mesoamericanas y entre ellos destacaban las piezas hechas de plumaria que llamaron mucho la atención de Hernán Cortés. De esa forma, los chimallis fueron los objetos enviados en mayor cantidad: casi 200 piezas”, dijo Filloy. De todos estos objetos emplumados enviados, añadió, sólo se han conservado cuatro escudos: el que resguarda el Castillo de Chapultepec, otro en el Museo de Viena y los dos últimos están en Stuttgart, Alemania. Estos escudos son insignias, por lo tanto, no fueron usados en combate para proteger el cuerpo de los mexicas, sino que fueron usados por jefes guerreros para dirigir las campañas de guerra o por gobernantes y sacerdotes en ceremonias. “Para el caso del chimalli que se exhibe es el único que se describe o es lo que pensamos, en las relaciones. En esas listas se menciona que hay un escudo con piel manchada y este chimalli tiene una base de piel de ocelote”,  explicó Laura Filloy. La curadora señaló que la muestra permitirá a los visitantes por primera vez observar el escudo por sus dos caras. “El escudo ya había sido expuesto en el Museo Nacional en su sede en la calle de Moneda y después en este museo de Chapultepec en su sala inicial, pero el escudo se retiró por cuestiones de conservación y dado que sólo existen cuatro piezas como ésta en el mundo, se decidió resguardarlo para evitar su deterioro”. Sobre cómo regresó el chimalli a México, la investigadora detalló que fue gracias al emperador Maximiliano de Habsburgo, quien pidió a su familia le enviaran objetos mexicanos para colocarlos en el Museo publico de Historia Natural, Arqueología e Historia. “En una carta de noviembre de 1865 le escribió a su hermano que le enviara a México, para presentar en su museo, tres cosas: una carta de relación escrita por Hernán Cortés a Carlos V, un antiguo documento pintado por los antiguos mexicanos y el chimalli. Después de varias gestiones, el único objeto que retornó a México fue el escudo”. No obstante, desde 1866, año en que regresó al país, el chimalli presentó varias pérdidas como las láminas de oro y plumas. “Regresó sin láminas de oro y las plumas con gran deterioro. En las primeras publicaciones donde se describe y representa al chimalli, aparece de manera muy similar a la que ahora vemos. Regresó con ese grado de deterioro de Europa“, comentó María Olvido Moreno, curadora. PELO DE CONEJO Y BAMBÚ. En agosto de 2014 fue cuando las investigadoras Laura Filloy y María Olvido Moreno comenzaron el estudio minucioso de la manufactura del chimalli, trabajo que concluyó este año y que se hizo con expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Instituto Politécnico Nacional (IPN) y la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM). “Con el IPN pudimos identificar que el chimalli no se hizo con piel de jaguar. Por muchos años se le nombró ‘el chimalli del jaguar’, ahora sabemos que es piel de ocelote”, dijo Moreno. En un principio, añadió, “se pensó que el pelambre de las medias lunas que a su vez fue el soporte de los materiales que ahí había: láminas de oro con forma de media luna, corresponde a pelo de conejo teñido con cochinilla. El tinte lo identificaron en el Instituto de Física de la UNAM y el de médula de pelo en el IPN“. El estudio de fibras vegetales hecho por la UAM desmintió la idea de que la estructura del chimalli eran travesaños de madera. “Hoy sabemos que eran de otate, es decir, de bambú mexicano, de ahí que sea tan ligero y resistente”. María Olvido Moreno señala que el chimalli pesa menos de 1 kilo y mide 67 centímetros de diámetro, medidas que les permitía a los mexicas sostenerlo durante muchas horas y portar en la mano otro objeto. Actualmente, comentó la experta, se investiga la resistencia a golpes de este escudo, a través de dos réplicas de la estera del chimalli. “Para hacer la estera del chimalli ahora expuesto se necesitaron 350 varillas de 3 milímetros cada una para hacer una sola cara pero el escudo tiene dos, es decir, se requirió anudar o coser 700 varillas que le dan estructura al objeto”, precisó Filloy. María Olvido Moreno explicó que el chimalli fue hecho antes de 1521, es de manufactura posclásica y muy probablemente del Altiplano Central de un taller de especialistas en Tenochtitlan. “Tenemos la capa de papel sobre la que se pegaron las barbas de mosaico, después unas plumas con cierta curvatura: están las de color azul del  Cotinga amabilis , las rojas de guacamaya, las beige de pato, las verdes de diferentes pericos, y las negras y grises no se pudieron identificar. En total se usaron 26 mil 400 plumas, de las cuales 17 mil corresponden al borde”, dijo. Después, el escudo mexica tiene banda de papel en la que por debajo hay unas barbas de plumas verdes iridiscentes posiblemente de quetzal, negras y rojas atadas a un textil. El soporte es de piel de ocelote y hay pelo de conejo teñido de rojo sobre el que se cosieron las láminas de oro. Imprimir

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