Política

Marco Moreno y traspiés de ministros: “No estamos hablando de errores involuntarios, sino expresión de convicciones”

Los exabruptos comunicacionales de los ministros del actual gobierno no dejan de ser tema , pero el que sea el ministro de la Segpres, encargado de coordinar la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo lo hace particularmente preocupante. Giorgio Jackson no ha tenido una buena relación con los parlamentarios y sus dichos de esta semana han agravado la ya tensa situación, por lo que el cientista político Marco Moreno ha seguido estos episodios con especial atención.

En conversación con Diario Financiero, Moreno destaca que las últimas salidas de libreto de Jackson dañaron “irremediablemente” la relación con los partidos del Socialismo Democrático y advierte que sea cual sea la opción que se imponga en el plebiscito, debe haber un cambio de gabinete inmediatamente después del 4 de septiembre

Los exabruptos comunicacionales de los ministros del actual gobierno no dejan de ser tema , pero el que sea el ministro de la Segpres, encargado de coordinar la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo lo hace particularmente preocupante. Giorgio Jackson no ha tenido una buena relación con los parlamentarios y sus dichos de esta semana han agravado la ya tensa situación, por lo que el cientista político Marco Moreno ha seguido estos episodios con especial atención.

En conversación con Diario Financiero, Moreno destaca que las últimas salidas de libreto de Jackson dañaron “irremediablemente” la relación con los partidos del Socialismo Democrático y advierte que sea cual sea la opción que se imponga en el plebiscito, debe haber un cambio de gabinete inmediatamente después del 4 de septiembre.

-¿Ellos creen lo que dicen, que parece que les saliera del alma, y por lo que luego se disculpan?

-No estamos hablando de errores involuntarios, sino que son expresión de las convicciones que hay detrás de quienes hoy día están conduciendo al país. No son dislates, no desaciertos ni imprudencias; sino expresión de convicciones, que son características de esta generación, de los millenials, que no les parece importante las formas. Y no se dan cuenta de que en política cada vez más las formas son el fondo. En ese sentido, ahora que ellos son autoridades hay una ausencia de republicanismo, de la importancia que tiene la República en nuestro país. Y las palabras, como en estos casos, juegan un rol importante, porque es la idea que los ciudadanos nos hacemos de quienes están gobernando y son la República.

-Pero dicen cosas por las que se ven obligados a disculparse.

-Ahí aparece este dilema en que dicen que la flexibilidad es un valor importante para el gobierno. Uno puede ser flexible y, a veces, es recomendable no tener posiciones rígidas, pero cuando la flexibilidad comienza afectar la confianza, que es la base del capital político, se comienza a vaciar el concepto de autoridad, de la Republica.

-¿Cuánto se puede confiar en lo que dicen los ministros o el gobierno finalmente?

-Se erosiona la confianza, porque se puede cambiar de opinión, pero al hacerlo hay que tener algunas herramientas para justificar el cambio. Primero debe haber una estrategia acerca de la razón para cambiar de opinión; en segundo lugar hay que evaluar lo que se llama ‘intercambio de problemas’, cuando se hace algo eso tiene un efecto, por lo tanto, hay que sopesar qué pesa más. Por ejemplo, Jackson insiste en hablarle a un electorado que ya está convencido de votar Apruebo y las elecciones en Chile se ganan por el centro. En tercer lugar, hay un problema con la comunicación, porque el gobierno y sus ministros aún no separan lo que es la comunicación electoral y la comunicación de gobierno. Jackson debería hacer comunicación de gobierno y hace comunicación de campaña. Eso es un problema, justamente en esta idea de habitar el cargo.

-Eso es lo que genera las acusaciones de intervención en relación con el plebiscito.

-Claro, porque qué tiene que estar un ministro de gobierno articulando un acuerdo entre los partidos políticos para modificar la Constitución. No era buena idea mantener esto y lo que pasó con Jackson facilita, de alguna manera, que salga este tema del acuerdo desde La Moneda y se fije en los partidos y en el Congreso, donde siempre debió estar.

-¿Cuánto afecta la imagen del Presidente el tener que salir a justificar a sus ministros cada vez que tienen un exabrupto?

-Se instala esta idea de que hay un problema de acción colectiva. O sea, el gobierno no está actuando de manera coordinada, como equipo. Uno esperaría que el Presidente estuviera apoyado, siendo rodeado de gente que le evita problemas y lo que vemos es que más bien le ponen los problemas. Primero, el Presidente estaba preocupado de la Convención que  le ponía la agenda; ahora la agenda se las ponen sus ministras y ministros y tiene que salir a dar explicaciones que no convencen a la gente, porque no se cree que lo de Jackson fuera un error, un exabrupto o un dislate, sino que fue convicción pura y dura, es lo que piensa y no hay filtro; porque e esta generación los filtros son pocos y bajos.

“Cuesta arriba el proyecto político” -¿Cuánto afecta al éxito o al menos al avance de proyecto político, traducido en el programa de gobierno, para el que necesitan del apoyo de quienes ningunean antes de disculparse, como el Socialismo Democrático, que es parte de su coalición; o incluso la Democracia Cristiana, cuyos votos necesita?

-Hace bien difícil por no decir inviable, políticamente hablando, que el ministro Jackson siga siendo el interlocutor con el Congreso, que es su principal función y ahí está el problema. La razón del ser del Ministerio de la Secretaria General de la Presidencia es coordinar la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. Esa relación está irremediablemente dañada, ya venía dañada de antes; pero hoy día, especialmente con los partidos del Socialismo Democrático quedó irremediablemente dañada. Ni los partidos de su propia coalición le salieron a prestar mucho apoyo.

-¿En este escenario, deberíamos esperar un cambio de gabinete post plebiscito en el que se produzca un reordenamiento del comité político, donde para bajar la tensión al menos debiera salir el propio Giorgio Jackson o la ministra del Interior Izkia Siches? Porque alguien tiene que pagar el costo político.

-Sin duda. Yo creo que se va a tener que dar no un “ajuste” sino que un cambio de gabinete inevitablemente a partir del 5 de septiembre sea cual sea el resultado. Sea que gane el Apruebo o el Rechazo y, evidentemente, el Presidente debe estar pensando cuáles son las piezas de reemplazo. Porque está claro cuáles son las piezas que no están funcionando. Además el ministro Jackson se ve como desafectado, como sin ganas, desde lo bio-psicológico se le ve como que no le gusta ese espacio de exposición y todos piensan que él podría jugar un rol más bien como coordinador del segundo piso. A él le gusta operar en la lógica de las sombras… así es que podríamos verlo incluso fuera de cargos ministeriales, eventualmente.

-¿Cuánto podría afectar al gobierno y al propio Boric que ganara el Rechazo en un escenario en que Jackson ha sido un poco el rostro del Apruebo?

-Voy a parafrasear esa frase que me gusta mucho que dice que ‘el plebiscito es a Boric lo que el estallido social a Piñera’, porque el efecto es de esa profundidad. Estamos hablando de que se pone muy cuesta arriba el proyecto político del gobierno. No es solo la interrupción del proceso constituyente, sino que es algo más profundo.